Pequeñas reflexiones sobre el universo, el tiempo y mis discos favoritos

Libro de reflexiones ilustrado

Timbuctú ediciones (Argentina, 2014)

Pablo-Krantz-Pequenas-reflexiones-sobre-el-universo,-el-tiempo-y-mis-discos-favoritos

Breve explicación a modo de prólogo

Desde siempre, escribo frases.
“¿Frases? ¿Qué tipo de frases?”, dirán ustedes. Cientos, miles de frases, responderé yo, que a veces tienen la amabilidad de agruparse civilizadamente en cuentos y canciones, pero también frases solitarias, solipsistas y orgullosas, que no quieren juntarse con ninguna otra y que piensan que por sí solas pueden tener algo que decirle al maldito mundo.
No sé cuándo escribí la primera, pero sé que hace décadas que vienen acompañándome. No puedo vivir sin ellas. Cuando algo malo me sucede, escribo una frase; cuando algo bueno me sucede, escribo otra frase; cuando no me pasa nada, visito las tormentas, los éxtasis y las calmas chichas del pasado y escribo una veintena de frases más. Son la manera que encontré de fijar y condensar los pequeños descubrimientos que hago sobre mí mismo y sobre el mundo que me rodea, expresados humorística o severamente como verdades generales.
Contengo en mi interior a un idiota al que todo el tiempo intento educar.
Un buen día, se me ocurrió subir una de esas frases a una red social (Facebook, para ser más exactos). Al instante surgieron los “me gusta”, los jajaja, los juajijij, los comentarios, los debates encendidos. Alentado por ese entusiasmo, enriquecido y algo abrumado por el contacto diario con todas esas personas tan distintas e iguales a mí, multipliqué por mil mi producción de frases, sucumbí a los encantos cientocuarentacaracterísticos de Twitter y así las frases y yo fuimos mutando en contacto con ese ser huidizo, traicionero y esencial: el lector.
Después de un tiempo, muchos de esos lectores empezaron a alentarme a sacar un libro, una suerte de best of de reflexiones que pudieran alojar en su mesita de luz. Gracias a la ayuda invaluable de los diseñadores Juan Cruz Nanclares y Rosario Salinas, y del ilustrador Facundo Pereyra, este libro ha pasado a formar parte ahora del mundo visible, aunque llevando consigo muchas cicatrices del salvaje submundo virtual en el que fuera creado.
Extrañamente (o no), este libro de raíz tan individual es al mismo tiempo un libro colectivo. En primer lugar, porque todas las reflexiones e historias aquí contenidas fueron publicadas y saboreadas ya, instantes después de ser escritas, por mis muchos interlocutores, amigos y aliados tuiteros y facebookianos. Pero también porque, olvidando sus veleidades solitarias, muchas de estas frases decidieron venirse a vivir acá acompañadas por algunos de los comentarios que desataron en ese paraíso de los malentendidos, del desencuentro satánico y del encuentro mágico que son las redes sociales.
No es aquí de ninguna manera mi intención decir cosas que nadie haya dicho antes –empresa titánica y vana, que me condenaría a poder hablar sólo sobre detalles extravagantes o minúsculos que por algo nadie se tomó el trabajo de escribir antes. Tal como vivimos nuestra vida, nuestros amores y nuestros odios sin que nos importe en absoluto que miles de millones hayan vivido, amado u odiado antes de una manera seguramente idéntica, mi idea siempre fue escribir sobre todo lo que me parece importante, o al menos divertido, con mis propias palabras, sin importarme en absoluto lo que otros hayan podido decir antes que yo.
No sé si me atrevería a decir que esto es literatura, pero me gusta pensar que es algo así como vida condensada.

 

La gente sin defectos es fácil de olvidar.

 

Si no está loca, no te conviene.

 

El tipo perfecto no vino, pero me pidió que te entretuviera.

 

Dejar de obsesionarse con idiotas es el primer paso hacia la armonía universal.

 

La ternura es el mejor estado de la materia.

 

No le pidas ironía al que ni siquiera sabe reírse de sí mismo.

 

El que nunca juega con fuego se quema con la primera chispa.

 

Mucha gente se hace la misteriosa para ocultar que no tiene nada que ocultar.

 

Dicen que para que el destino te sonría, conviene que vos le sonrías primero, si no le agarra timidez.

 

Nunca dejará de sorprenderme cuántas cosas soy capaz de hacer para no hacer las que tengo que hacer.

 

Desconfío de toda casa que no tenga su rincón de caos. Lo mismo con las mentes.

 

A veces lo mejor que puede hacer por vos una persona es dejarte.

 

Nunca enojes a una mujer enojada.

 

Lo bueno de tropezarse y rodar por el suelo en una primera cita es que todo lo que hagas después parecerá por contraste asombrosamente sensato.

 

Dice la lógica de este universo que un cobarde bonachón a veces puede hacerte más daño que un auténtico malvado.

 

Si tu vida es un caos, es que esta en armonía con el universo.

 

Te dijeron que el silencio era más profundo que la palabra y ahora sos un boludo silencioso.

 

No sos vos, son mis cinco otras personalidades.

 

Hay dos tipos de personas que nunca se sabe lo que piensan: los que nunca hablan y los que hablan sin parar.

 

El fanatismo es el suelo firme del idiota.